
La contaminación por microplásticos y nanoplásticos se ha consolidado como una de las principales preocupaciones medioambientales y de salud pública a nivel global. Sin embargo, su impacto no se limita a los ecosistemas o a la cadena alimentaria: estudios recientes advierten de su presencia en presentaciones farmacéuticas comerciales, derivada tanto de los procesos de fabricación industrial como de la migración desde los materiales de acondicionamiento primario (envases, blisters y polímeros de envasado).
Esta realidad plantea un nuevo escenario en el ámbito de la seguridad farmacológica y la calidad de los tratamientos. La degradación de los polímeros plásticos utilizados habitualmente en el packaging de medicamentos puede dar lugar a la liberación de micropartículas que son ingeridas o administradas junto con el principio activo, abriendo el debate sobre su impacto a largo plazo en la salud humana y la respuesta biológica del organismo.
Frente a este desafío, la formulación magistral y la medicina individualizada emergen como una alternativa idónea para minimizar este riesgo. La capacidad del farmacéutico elaborador para seleccionar materias primas puras y, muy especialmente, para optar por envases de alta inercia química y física —como el vidrio topacio o recipientes libres de polímeros degradables— permite ofrecer tratamientos con las máximas garantías de pureza.
Desde LASEMI reafirmamos la importancia de mantener la excelencia en los laboratorios de elaboración, cumpliendo rigurosamente con las Buenas Prácticas de Elaboración (BPE) y promoviendo el uso de materiales de envasado seguros que velen por la integridad del medicamento individualizado y la protección del paciente.

